ROLANDO FAGET
Son desbordadas noches
caminares bajo la luna afuera
el mundo activo oleaje en la cabeza
marejada de ruidos y de impulso
agudo grito astucia de esas noches.
Noches que son alcohol y que son vasos
desasosiego andante compulsivo
reprochables virajes de arraigo y desarraigo.
Es quedarse desnudo mirándose a uno mismo,
es nada sucediendo y todo adentro.
Horas que no son nada, noches como de ausencia repentina
buscando el permanente, frágil renacimiento.
De Poemas del río marrón (1971)
La preocupación económica no hace sola el daño; es el conjunto de estrecheces heredadas y adquiridas, la religión sin luz del puritano, la asfixiante moral de inhibiciones y prohibiciones, los temores y prejuicios de la raza, la interpretación reverencialmente confusa de la democracia, el noble instinto del trabajo preso en el círculo vicioso de la prosperidad, la pobreza íntima de la vida atendida entre el frenesí de diversiones donde sólo el cuerpo es activo, la máquina y la empresa que propagan la uniformidad para materia y espíritu. Pero esas estrecheces no le estorban a quien está satisfecho de la vida porque ha conquistado la comodidad y el lujo o espera conquistarlos.
La desnudez mental en que dejan al hombre la tradición y las costumbres del país le impiden afrontar con discernimiento el imprevisto esplendor de la existencia material.
La aquiescencia del pensador y el artista significaría acomodarse al optimismo, entre ingenuo y cínico, del mercader que cree resueltos los problemas universales porque él ha atinado a poner de acuerdo su puritanismo oficial y su hedonismo instintivo.
PEDRO HENRIQUEZ UREÑA
La desnudez mental en que dejan al hombre la tradición y las costumbres del país le impiden afrontar con discernimiento el imprevisto esplendor de la existencia material.
La aquiescencia del pensador y el artista significaría acomodarse al optimismo, entre ingenuo y cínico, del mercader que cree resueltos los problemas universales porque él ha atinado a poner de acuerdo su puritanismo oficial y su hedonismo instintivo.
PEDRO HENRIQUEZ UREÑA
Substancias de Calcedonia
Álvaro Ojeda
Calcedonia, la ciudad de los ciegos.
Estrabón
Un solo y mismo Cristo de dos naturalezas, sin confusión,
sin mudanzas, sin división.
Concilio de Calcedonia 451 d.C.
Calcedonia, la ciudad de los ciegos.
Estrabón
Calcedonia, la ciudad de los ciegos.
Estrabón
Un solo y mismo Cristo de dos naturalezas, sin confusión,
sin mudanzas, sin división.
Concilio de Calcedonia 451 d.C.
Calcedonia, la ciudad de los ciegos.
Estrabón
POEMA
Sergio Manganelli
Lo más complicado de la muerte
no es morir,
sino acostumbrarnos a que el mundo
se las arregle sin nosotros,
que ni siquiera perciba
nuestro sillón vacío,
el polvo en nuestros libros.
Lo triste es añorar,
-debajo de la tierra
o zumbando en el aire-
el beso de los buenos,
la taza de café,
la balada de amor,
o el ardid asesino.
Lo maravilloso es
que entre tanto despojo,
nos abriga el recuerdo
de ausencias que sentimos.
Solo algo consuela:
el corazón del grillo
en la palma de Eos.
(Otoño, 2011)
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